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Mostrando entradas con la etiqueta bibliotecas. Mostrar todas las entradas
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jueves, 5 de diciembre de 2024

Biblioteca “Mario Fernández Ordóñez”: su historia acompañando los 70 años de la FAUD UNC

Celebrando este importante aniversario de la Facultad, nuestra Biblioteca acompañó desde sus inicios a la comunidad de la institución a través, tanto de su material bibliográfico, como de la dedicación de su personal.

Es por eso que recordamos en este marco la historia de la Biblioteca “Mario Fernández Ordóñez”.

En el año 1949 se crea la Escuela de Arquitectura dentro del ámbito de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, creándose también, la correspondiente biblioteca, contando en ese entonces con 300 volúmenes.

El 14 de diciembre de 1954, la Escuela de Arquitectura es designada Facultad.

Durante el año 1956 las autoridades encomiendan al Arq. Juan Bautista Caretti su reorganización. Sus primeros empleados fueron: María Teresa Fernández de Puigiané, Marta del Campo de Greenway, quienes hasta ese momento eran empleados de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, y Esterlina Montero, Alicia Goubessian, María de las Mercedes Sosa, María G Spinnato, Roberto Rius y Jorge Revol.

En 1957 se traslada la Facultad a un edificio propio, esto es a la actual sede de Av. Vélez Sarsfield 264 y se designa como Director de la Biblioteca al entonces Prosecretario de la Facultad Sr. Mario Fernández Ordóñez. A su fallecimiento y a modo de reconocimiento al esfuerzo, la Biblioteca pasa a llevar su nombre.

En 1958 se crea la sección Diapoteca, con 750 diapositivas donadas por la Universidad Nacional de Tucumán.

La Biblioteca cuenta en ese momento con un Gabinete de Documentación que en 1968 se traspasa al a la Dirección de Servicios Culturales de la Facultad.

En 1968 se modifica el organigrama de la Biblioteca organizándose en la dirección y 3 departamentos: Departamento Biblioteconómico (funciones de selección, adquisición, inventarios), Departamento de Procesos Técnicos (funciones de catalogación clasificación) y Departamento de Atención al Público (funciones de atención de usuarios, préstamos y consultas).

A partir de 1970 se comienza a dictar cursillos de formación de usuarios con el fin de enseñar a los lectores a usar los servicios de la Biblioteca. En 1971 se crea la sección Referencia, dependiente del Departamento de Atención al Público, a cargo de Ruth Treetrop de Villarreal. Allí se comienza con la catalogación analítica de artículos de revistas.

En 1976 con el golpe de estado la Facultad es intervenida y la Biblioteca no queda ajena a los cambios impuestos por la intervención: se encuentran en los libros de inventario los rastros del filtro aplicado a la colección. También, durante ese año, la Diapoteca se convierte en un departamento independiente; se crea el servicio de encuadernación dependiente de la Biblioteca, a cargo de Carlos F. Gómez, que en 1988 deja de ser parte de la Biblioteca, pasando a depender del Área de Publicaciones.

En 1977 se crea el servicio de traducciones, las cuales eran realizadas por alumnos de la carrera de arquitectura. En ese momento, se realizaban traducciones en 4 idiomas: inglés, francés, alemán, italiano, designando como jefa del servicio a la Arq. Lidia Samar. En el año 1984 se suspende el servicio por razones presupuestarias. En el año 2004 se retoma este servicio con la Arq. Clara Pagani, la sigue el Arq. Eduardo Barseguian, hasta el 2013.

La década del 80 encuentra a la Biblioteca con una colección constituida por 10000 libros, 2500 folletos, 122 títulos de publicaciones periódicas cerradas y 74 abiertas. También, desde esos años, se reciben alumnos becarios de la SECyT para cumplir con el desarrollo de diferentes proyectos presentados por la Biblioteca.

En 1981 se elabora el primer Listado de Encabezamientos de Materia de Arquitectura, con la colaboración de docentes de la Facultad. A partir de 1983 se comienza a catalogar con las AACR2.

Ya en la década del 90, la Biblioteca emprende su camino hacia la informatización, comenzándose a trabajar sobre la automatización del catálogo usando el software CDS/ISIS. También, desde entonces, se comienza a recibir información en soportes digitales como diskettes, CD-Rom’s y videos.

En 1992 se crea la Sala de Lectura para la carrera de Diseño Industrial, dictándose en sede Ciudad Universitaria. A partir de la creación de la carrera, la Facultad cambia su nombre y sus siglas, pasando a llamarse Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Diseño (FAUD). Debido a estos cambios institucionales la Biblioteca pasa a tener 2 Salas de Lectura: Sala Centro y Sala Ciudad Universitaria.

Desde 1994 la Biblioteca colabora con la Red Vitruvio (Red de Bibliotecas de Arquitectura, Arte, Diseño y Urbanismo), colaborando con el Tesauro. El objetivo es la creación de un lenguaje unificado para poder trabajar en red, de lo que ha resultado el “Vocabulario controlado de arquitectura, arte, diseño y urbanismo”, editado en el año 2004.

En 1996 se crea la Escuela de Graduados y con ella se desarrolla una biblioteca que recibe la mayor parte de su patrimonio a través de un Proyecto FOMEC. Para su organización, la Facultad toma becarios y personal de la Biblioteca “Mario Fernández Ordoñez” controla las tareas que se realizan.

En 1997 se instala en la Biblioteca las primeras PC para consulta de Internet.

En 1998 se coloca el sistema de Seguridad Sen-Tech, muy importante por ser esta una Biblioteca de estantería abierta.

En el año 2001 la Facultad refuncionaliza el edificio ubicado en el centro y la Biblioteca se muda a un nuevo espacio que ocupa parte de la planta baja y el subsuelo.

Un año más tarde, en el 2002, Sala Ciudad Universitaria se traslada del módulo azul a un espacio más amplio, ubicado en lo que actualmente es el pasillo de salida al edificio oeste.

Ese mismo año, se firma el Acuerdo de Bibliotecas Universitarias de Córdoba (ABUC) a fin de establecer un programa de cooperación entre ellas. La Biblioteca inmediatamente adhiere a esta red cooperativa.

A partir del año 2003 se comienza a recibir subsidio de SECyT para la adquisición de revistas.

En 2004 se realiza la migración de la base de datos bibliográfica de formato CEPAL a MARC21, formato ampliamente difundido en el mundo, que permite el intercambio de información y un mejor aprovechamiento de los recursos que se destinan a la catalogación. Para la difusión de los servicios se crea una página web de la Biblioteca diseñada y mantenida por personal de la misma.

En 2005 la Biblioteca contrata, a través de la Cooperadora de la FAUD, un asesor informático quien colabora con la Biblioteca hasta 2010. Durante el mismo año, a fin de brindar más y mejor servicio, las Salas de Lectura pasan a atender en horario continuo de 8:00 a 19:00 hs.

Desde el año 2006 la Biblioteca comienza a participar del Programa de Mejora Continua de la UNC.

En el 2008 se instala un sistema para registro de quienes ingresaban a la Sala de Lectura.

En 2009 los sistemas informáticos de la Biblioteca son migrados al Sistema Integrado de Gestión de Bibliotecas KOHA, lo que ha significado un gran salto en la calidad del servicio, brindando más información a los lectores y facilitando la recopilación de datos estadísticos.

En 2010 se crea el Departamento de Referencia y Apoyo a la Docencia, con funciones de asesoramiento de búsqueda de información dentro y fuera de la Institución, en formato impreso y digital, encargándose además de la formación de usuarios.

A partir del 23 de marzo de 2012, por Resolución Decanal N° 110/12, la Biblioteca de la Escuela de Graduados pasa a depender funcionalmente de la Biblioteca “Mario Fernández Ordoñez”.

En el transcurso del año 2013, la Sala Ciudad Universitaria se traslada al edificio oeste de esa sede de la Facultad, un espacio más grande para el material bibliográfico y la sala de lectura.

Convencidos de la importancia de la preservación de las riquezas bibliográficas que alberga la Biblioteca y que hacen a la memoria de nuestra Facultad, en 2017 se crea el Departamento de Conservación, que se ocupa de la conservación preventiva y preservación del fondo antiguo y valioso de la Biblioteca.

A comienzos de 2017, la Sala de Ciudad Universitaria se muda a un nuevo edificio ubicado en el ala norte. Esta sala tiene mayor superficie, lo que permite incorporar más material bibliográfico y comodidades para los lectores. La nueva sala alberga la colección de grado, quedando en la Sede Centro la colección de posgrado, material antiguo y depósito.

En el año 2021 se comenzaron los preparativos para la mudanza de la Sala Centro, desde planta baja al 8° piso del segundo cuerpo, finalizándose un año después.

La característica de la Biblioteca “Mario Fernández Ordóñez” es la de disponer de estantería abierta en la mayor parte de su colección, posibilitando así el acceso directo del usuario a libros, revistas, folletos y trabajos finales impresos; ofreciendo, además, el acceso a diverso material digital al que los usuarios pueden acceder en las plataformas electrónicas.

La conducción de la Biblioteca a lo largo de su historia estuvo a cargo de:

1956-1957                  Arq. Juan Bautista Caretti

1957-1964                  Sr. Mario Fernández Ordóñez

1965-1967                  Sr. Humberto Mario Vallejo

1967-1971                  Arq. Rodolfo Gallardo

1971-1976                  Lic. Marta Zeballos de Capelli

1976-1977                  Lic. Alberto Posse Vallejo

1977-1993                  Bibl. Teresita Rius de Sánchez

1994                           Bibl. Ana María Gil de Castro

1995-2015                  Bibl. Sofía Gordillo

2015-Presente           Arq. Silvia Arévalo

         

 


miércoles, 11 de agosto de 2021

Casa Ordóñez (hoy Biblioteca Córdoba)



La casa ubicada en 27 de abril 375 estuvo marcada desde sus orígenes por los cambios: cambios de dueños, cambios de su arquitectura  y cambio en sus funciones. Comenzó su historia como una casa modesta, pero muy bien ubicada, construida para Teresa Orduña en 1824. Pasó luego a manos de Marcos Juárez Luque quien a su vez la dejó en herencia a Bonifacia Celman Argüello y sus cuatro hijos Marcos, Miguel, Carlos y Mercedes. Miguel Ángel Juárez Celman sería primero gobernador de la provincia de Córdoba y luego presidente, todo en la década de 1880. Es un dato importante porque, como veremos más adelante, hay una relación entre la casa y la política. En 1884 los dueños fueron Cesáreo Ordóñez y Teodosia Abaca, ellos comenzaron la renovación de la casa para convertirla en un verdadero palacete de estilo europeizante (muy de moda en esos momentos). Fruto de esos esfuerzos es que la casa hoy se llama “Casa Ordóñez”, pero los gastos fueron mucho más de lo que podía permitirse y en 1897 la familia perdió la casa, cuya propiedad se trasladó al gobierno de la provincia de Córdoba.


El primer uso que se le dio, ya como edificio público, fue el de Cámara de Justicia (nombre que recibían los tribunales) hasta 1936. Posteriormente se lo empleo como Casa de Gobierno hasta el golpe militar de 1943. En ese último período se le hicieron reparaciones, y se agregó el escudo de la provincia. Recién en 1970 se volvió a utilizar como Centro de Cómputos y luego como depósito del Banco Social. El edificio sufrió un gran deterioro por falta de mantenimiento y hubo conflictos entre quienes querían conservar el edificio y quienes lo querían derribar. Finalmente, el ex gobernador Angeloz determinó que se devolviera a la casa su antiguo aspecto. En 1991, a petición del diputado Ángel Ávalos, se designó la Casa Ordóñez para albergar a la Biblioteca Córdoba, que cumplía 80 años y había sido trasladada ya numerosas veces. En la actualidad, además de la Biblioteca Córdoba (que ocupa un 30% de los 700 m2 del edificio) funcionan otras instituciones provinciales: la Junta Provincial de Historia; la Biblioteca de Discapacitados Visuales; la Federación de Bibliotecas Populares (Fedepo); una Asociación de Amigos de Ciegos; un Área de Cómputos y Sistemas; el Laboratorio de Pensamiento Latinoamericano y Cultura para el Interior.



Bibliografía:
- Córdoba. Casa de Gobierno. Circa 1938. (2018, abril 24). Córdoba de antaño.
https://www.facebook.com/CordobaAntiguaArgentina/photos/a.507015899341241/1680311092011710/?type=3
- Gambone de Dellavedova, D., Rúa, B. de la, & Trecco, A. (1994). Revivalismo en la arquitectura de Córdoba 1870-1930. Universidad Nacional de Córdoba. Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Diseño.
Historia de una casa, y de una pasión. (2011, agosto 14). La Voz del Interior. https://www.lavoz.com.ar/historia-casa-y-pasion/
- Sociedad Argentina de Escritores. (Ed.). (2006). Córdoba viva: En sus lugares característicos y monumentos históricos. Ediciones del Copista.
- Trecco, A. (1996). Córdoba: Guía de arquitectura /. Mayúscula.
- Trecco, A. (2009). Arquitectura de Córdoba: 1573-2008 = Córdoba’s architecture: 1573-2008. Universidad Nacional de Córdoba.
- Urquiza, M. B. (2010, febrero 21). Muros que resumen historia. La Voz del Interior. http://archivo.lavoz.com.ar/nota.asp?nota_id=592508 Biblioteca Córdoba / Solar del siglo XIX



miércoles, 3 de julio de 2013

Biblioteca de la Escuela de Graduados: traslado





Informamos a nuestros usuarios que la Biblioteca de Graduados se ha trasladado a las instalaciones de la Sala Centro de la Biblioteca "Mario Fernández Ordóñez" (Av. Vélez Sarsfield 264, PB)
Allí, podrán consultar su material bibliográfico de lunes a viernes de 8:30 a 19 hs.
En el siguiente link podrán apreciar su nuevo espacio físico y servicios que en ella se brindan.



miércoles, 12 de junio de 2013

Nuestras Salas de Lectura


Distintos ámbitos de la Biblioteca de la FAUD  se vieron afectados por traslados. 
Les mostramos cómo quedaron estos lugares luego de las mudanzas correspondientes.

Sector Libros de la Sala Ciudad Universitaria

Sector Libros de la Sala Ciudad Universitaria

Sector Revistas de la Sala Centro

Sector Graduados de la Sala Centro

domingo, 12 de agosto de 2012

Bibliotecas: conceptos generales


  • Concepto:
Es un centro cuya principal función es facilitar el uso de la información que precisen los lectores para satisfacer sus necesidades de información, investigación, educación o de esparcimiento, contando para ello con un personal especializado.

  • Tipos:
Las bibliotecas pueden clasificarse de acuerdo con los objetivos que persiguen y el tipo de usuario que a ellas concurren.
Es posible diferenciar clases bien definidas de bibliotecas, entre las que se mencionan:
- Públicas: Al servicio de toda clase de personas, contando con un servicio gratuito y material de diferentes temáticas.
- Populares: Si bien estas instituciones también cuentan con material bibliográfico general, están administradas por personas auto convocadas mientras que las públicas son solventadas por el Estado. Asimismo, cubren las necesidades de una comunidad determinada, por ejemplo, un barrio.
- Infantiles: Poseen un acervo especializado, contando con literatura infantil de tipo instructivo, educativo y recreativo. Son un complemento de las bibliotecas públicas.
- Universitarias: Estas instituciones aportan a la formación de futuros profesionales; para ello, deben contar con un acervo especializado y actualizado. 
- Especializadas: También cuentan con material especializado pero forman parte de instituciones tales como laboratorios, colegios profesionales, hospitales, industrias, etc.       


  • Organización:
A fin de cumplir con su objetivo, las bibliotecas se dividen en secciones o departamentos. Dependiendo de la dimensión del acervo bibliográfico y del tipo de institución que sea, las tareas de estas secciones pueden ser realizadas por gran cantidad de personal o no, incluso un bibliotecario puede estar al frente de dos o más secciones.
Estos departamentos o secciones son:
- Dirección: Organiza y gobierna la biblioteca. Elabora reglamentos, organiza actividades.
- Administración: Selecciona, adquiere y asigna inventario al material bibliográfico, lleva adelante el área contable.
- Procesos técnicos: Prepara el material para ponerlo en circulación: preparación física, ingreso en la base de datos.
- Atención al público: Está encargado del registro de usuarios, préstamos y devoluciones, reparación del material deteriorado.
- Hemeroteca: Se encarga del estado de colección de las publicaciones periódicas.
- Referencia: Responde consultas de los usuarios por los diferentes medios (personalmente, vía telefónica, email, redes sociales, blog, etc.), realizando así un asesoramiento personalizado.

  • Espacios:
Dentro de la biblioteca podemos advertir la presencia de diferentes espacios:
- Mostrador de atención al público: Sitio donde el usuario concurre a realizar consultas, préstamos y devoluciones.
- Colección bibliográfica: Ambito donde está ubicado el material de consulta de la biblioteca.
- Sala de Lectura: Zona donde el usuario se ubica con el fin de leer, estudiar, consultar el material bibliográfico.
- Oficinas internas: El personal bibliotecario desempeña sus tareas de los diferentes departamentos en zonas determinadas.
- Depósito: Espacio físico destinado a ubicar el material bibliográfico poco consultado porque no estar desactualizado, deteriorado, etc.

  • Características de estos espacios:
Con el fin de que estos espacios sean útiles a la comunidad para la que fueron diseñados, deben cumplir con las siguientes características:
- Funcionales: Deben facilitar la prestación del servicio. El diseño debe reconocer la importancia crucial de la gente, el material bibliográfico y la tecnología.
- Adaptables: Deben ser pensados para el futuro. Es importante lograr flexibilidad en el edificio.
- Accesibles: Deben fomentar e invitar a los usuarios a que utilicen los servicios; estar adaptados para personas con dificultades motrices.
- Interactivos: Espacios bien organizados. El mostrador de atención al público, la sección referencia y la sala de lectura son áreas claves para la interacción.
- Favorables: Ambiente propicio para el trabajo académico y la reflexión, teniendo en cuenta el tratamiento del ruido, la temperatura dentro del recinto, entre otras cosas.
- Seguros: Lugar protegido para la gente y la colección bibliográfica. Es preciso tener un control visual amplio desde el mostrador de atención al público.

  • Otros aspectos a tener en cuenta en una biblioteca:
Además de las características de los espacios, ya mencionadas, es necesario tener en cuenta otras particularidades que ayudarán a que una biblioteca sea el lugar propicio para estudio y la recreación, a saber:
- Zonas de silencio y ruido: La sala de lectura debe tener espacio para trabajos grupales e individuales, puesto que muchos usuarios necesitarán concentrarse en su lectura, mientras otros necesitarán compartirla o discutirla con sus compañeros. Asimismo, hay otras zonas en la biblioteca que generan ruido: el mostrador de atención al público, la sección referencia, estanterías de colección bibliográfica; mantener esos espacios alejados de la sala de lectura es fundamental para que el usuario se sienta respetado en su lectura/estudio.
- Estantería abierta o cerrada: La mayoría de las bibliotecas utiliza el régimen de estantería cerrada, esto significa que el usuario solicita el material al bibliotecario y éste lo busca en la estantería y se lo entrega; sin embargo, cada vez más, se está imponiendo la modalidad de estantería abierta, donde el propio usuario busca el material que necesita en la estantería correspondiente, previa consulta de localización del mismo en la base de datos. Si se elige esta última modalidad, la biblioteca necesitará de mayor cantidad de espacio en el sector de la colección bibliográfica, ya que muchas personas van a recorrer esas zonas buscando material.
- Mobiliario: Está formado por las estanterías, mesas y sillas de la sala de lectura, escritorios, ficheros y armarios de las oficinas internas, carros de libros, etc. Debe ser compatible al tipo de biblioteca, por ejemplo, una biblioteca infantil o escolar tiene su propio mobiliario. Por otra parte, es preciso tener presente a las personas con dificultades motrices que van a asistir a la biblioteca y ofrecerles un mobiliario acorde para que se sientan a gusto.
- Iluminación: A fin de que el usuario pueda localizar sin problemas el material, en caso de ser una biblioteca de estantería abierta, y de que pueda leer lo que ha seleccionado, la iluminación debe estar bien distribuida, puesto que este aspecto también influye favorable o desfavorablemente en su asistencia a la biblioteca.
- Crecimiento de la colección: Al momento de planificar la construcción de una biblioteca o su remodelación, es indispensable tener en cuenta el crecimiento de la colección bibliográfica. Esto es, con el transcurso del tiempo la biblioteca va a adquirir sucesivamente más material bibliográfico y el edificio debe estar preparado para recibirlo. Planificar esto es clave para evitar problemas de espacio en un futuro cercano.
- Señalética y cartelería: El usuario debe poder localizar las secciones de la biblioteca rápidamente, para ello, debe haber una adecuada señalización de las mismas. Así, podrá sentirse cómodo en el ámbito, y evitará demoras en su búsqueda de información. Por otra parte, la biblioteca debe publicitar sus servicios y productos, entre los que se mencionan por ejemplo, los cursos de formación de usuario y actividades de extensión, y también motivar a los usuarios hacia la lectura y la investigación; recurrirá de la cartelería para estas tareas.

Todo lo citado servirá para que la biblioteca sea un lugar de estudio y encuentro, ámbito propicio para que el usuario desarrolle sus investigaciones, concurriendo a ella también para momentos de recreación, convirtiéndose así en un centro de servicio social y de animación cultural.




Bibliografía consultada:
- Arguinzoniz, María de la Luz. Guía de la biblioteca: funciones y actividades. México : Trillas, 1995.
- Carrión Gútiez, Manuel. Manual de bibliotecas. Madrid : Fundación Germán Sánchez Ruipérez, 1993.
  

jueves, 23 de junio de 2011

Video de presentación de la Biblioteca de la FAUD

Nos complace mucho presentarles este video, donde damos a conocer nuestros servicios, así como también el material de valor histórico que posee la Biblioteca.
Los esperamos en nuestras 2 Salas de Lectura, de lunes a viernes de 8 a 19 hs.

lunes, 1 de noviembre de 2010

El futuro del libro en la era digital

Hacerse rico con los libros... Yo, personalmente, no tendría nada en contra. Riqueza, dominio del mundo, desconexión de Internet: ése sería el plan. Un ratito no más. Sólo para detenernos un poco. Para recordar los acontecimientos de abril de 2009. Más tarde, cuando los historiadores militares nos pregunten, podremos decir que estuvimos allí, aun cuando no lo entendiésemos todo. Allí, en Mountain View, California (tendríamos que explicar luego), estaban los estadounidenses con sus escáneres y, durante años, se dedicaron a digitalizar bibliotecas enteras para luego colgar los libros en Internet. Mientras tanto allá, en Heidelberg, Alemania, mil trescientos literatos y pensadores levantaron la cabeza y gritaron: “¡No!”
Que si no estaremos confundiendo los siglos, nos preguntarían los historiadores (no tendrían más remedio que hacerlo): ¿Internet? ¿Romanticismo alemán? Y un brioso gesto de asentimiento sería la respuesta: Exactamente, así fue, de un lado la empresa Google; del otro, los firmantes del “Llamamiento de Heidelberg”, que no querían ver sus derechos de autor vendidos al menudeo por un tribunal provincial estadounidense. Por lo tanto, se trataba de dinero, de libertad (sobre la que cada uno de los involucrados tenía sus propios conceptos), del futuro del libro; finalmente, y sobre todo, se trataba de los destinos de Internet, que ahora, llegados a este punto, yo tendría que conectar de nuevo con ­urgencia. Ni siquiera sus más acérrimos detractores ­podrían arreglárselas en serio sin la red más de cinco minutos. Yo, por mi parte, me muestro ante este medio, en general, de un modo más bien abierto. Y es preciso que lo diga aquí expresamente y por anticipado, por si acaso. La Internet, representada por aquellos a los que uno puede encontrarse en ella, no simpatiza con los que no simpatizan con ella. Se muestra rápidamente ofendida, porque todavía es joven y no particularmente independiente. Pero eso se corregirá.

La biblioteca de Google
Los libros, sin embargo, no siempre estuvieron libres de pecado; el grueso de los primeros productos impresos eran panfletos. Y no cabe duda de que los autores de libros manuscritos tuvieron serias dudas culturales, al igual que las tuvieron, antes que ellos, los creadores de papiros. Hoy en día, el libro impreso, independientemente de su contenido, es considerado el más noble y elevado de todos nuestros bienes culturales. Tanto más desconcertante resulta que ahora todos afirmen que su época ha acabado. En el conflicto sobre la digitalización y los derechos de autor, ambos bandos, asombrosamente, han lanzado el mismo grito de guerra, que plantea que está llegando el fin del libro impreso; sólo que mientras para los unos esto suena como un lamento apocalíptico, para los otros es como un alarido de triunfo. Para los espíritus más serenos, en cambio, es, sencillamente, un disparate. Más bien es todo lo contrario: la digitalización probablemente incrementará el rendimiento del papel impreso de un modo más manifiesto que, en su momento, la introducción de la “oficina sin papel”.
Tanto los nostálgicos de los medios como los entusiastas de la tecnología tienen, por regla general, un ordenador delante de los ojos cuando se dice que el libro está desapareciendo. Sin embargo, una biblioteca sería una imagen mucho más apropiada de ello: bibliotecas de monasterios medievales, torreones de la cultura en los que se preserva y se enclaustra el saber; y en los que también se pierde para siempre cuando, por ejemplo, el fuego devora los libros. Cuando escucho decir que el libro está en peligro, no pienso en Google, sino en aquel monje de mentalidad algo restrictiva de la novela de Umberto Eco El nombre de la rosa, aquel Jorge de Burgos, bautizado en homenaje a Jorge Luis Borges, lo cual, por lo demás, es una canallada: porque su conocido relato “La biblioteca de Babel”, tanto en su pretensión universal como en su estructura, se acerca mucho más a las imágenes que hoy nos hacemos de Internet (en particular por la hermosa idea de unos usuarios que se van descomponiendo poco a poco durante el vuelo por esos infinitos espacios). La visión del libro único y total sobre la que escribe Borges, la de un libro que contiene en sí mismo todos los demás, suena casi como el pedido por anticipado de un libro electrónico a través de una suscripción a Google.

La aventura de los libros que se creían muertos
De las bibliotecas de la Antigüedad sólo nos han quedado, en el presente, unas ruinas, pero en una de ellas, en Atenas, pueden verse grabados en la piedra los restringidos horarios de apertura (sólo seis horas) y la prohibición de sustraer libros. Los castigos previstos por robo en las bibliotecas antiguas eran por lo menos tan draconianos como lo que les desean en la actualidad los propietarios de los derechos de autor a aquellos que copian sus escritos. Pero incluso los primeros tienen que admitir que, gracias a esto, los contenidos, por lo menos, no se pierden.
Que las copias preservan los datos es algo que hoy todo el mundo conoce. Sin embargo, por desgracia, no todos saben que, en caso de duda, las copias analógicas son más seguras que las digitales. En este caso, un par de buenos y potentes imanes al lado del disco duro podrían fomentar ese conocimiento. Además de la vivencia, similar a una iniciación, de rastrear las polvorientas páginas de libros antiquísimos entre crujientes estanterías de madera, aparece ahora la aventura, no menos “indiana-jonesca” de seguir el rastro en Internet a libros desaparecidos o que se creían muertos. Hoy en día, se puede “googlear” cualquier libro. Y pronto también se podrá “librear” en Google. Esto suena muy lógico y deseable, por lo menos para el lector.

La imprenta pone fin a la era del libro
Para el caso de los libros agotados, la digitalización sería, en cualquier caso, una bendición. Y por eso el acontecimiento verdaderamente sensacional y revolucionario no ha tenido lugar en California ni en Heidelberg, sino en Londres, donde la firma Blackwell’s presentó en abril de 2009 su llamada Espresso Book Machine: por el momento, se trata de medio millón de títulos que, con apretar un botón, pueden imprimirse aquí en pocos minutos, encuadernarse y aparecer luego delante del cliente, dotados de una cubierta, como un bollo recién horneado. ¿Acaso es esto lo que vendría a poner fin a la era del libro: justamente la imprenta de libros?
Los libreros han tenido que aceptar que recientemente, en el New York Times, la escritora Margaret Atwood les haya vaticinado a sus pequeños y acogedores negocios un futuro como salas de exposición de mobiliario, a causa de la aparición de las máquinas de impresión a demanda y de los aparatos de lectura electrónicos. En cierto sentido, ya lo eran antes, y ahora el libro como pieza del mobiliario podría ganar aún más en representatividad: la biblioteca doméstica no sólo es, ciertamente, el clásico escenario de fondo de la burguesía culta; también quien no lee otra cosa que Harry Potter, insiste la mayoría de las veces en poner en el archivo de la propia biografía sus volúmenes palpables, materiales y con dignificantes huellas de haber sido manoseados.
Cuando se le pregunta a cierta gente relacionada con la producción de libros, se les oye decir con frecuencia que ellos mismos suelen usar aparatos de lectura electrónicos. Sencillamente, porque es práctico. Y, cuando menos el hecho de que las nuevas tecnologías tiendan a impulsar el surgimiento de nuevas formas artísticas, no carece de interés. Se profetiza el surgimiento de un interesante “segundo mercado”, no una desaparición del libro impreso. Y de ello habla no tanto quizás una esperanza devota como un conocimiento de la clientela. En este aspecto, a diferencia de lo que sucede con la música pop, los adolescentes afines a la tecnología no forman necesariamente el grupo a la cabeza. Sin embargo, eso también tiene que ver con el uso social de ciertos objetos, con el contexto, que determina la recepción y modifica el contenido: ¿Cómo puede uno, por tan sólo poner un ejemplo, regalar sin ruborizarse un libro que se ha descargado de la red? ¿Cómo podría una descarga llegar a ser un símbolo de respeto, de gratitud, de afecto o de algo más romántico, superando el prestigio de un ramo de flores comprado en la gasolinera?

Internet: ¿amenaza u oportunidad para la cultura del libro?
Que los distintos medios no se devalúan mutuamente, sino que se complementan; que tal vez, en todo caso, desplazan sus participaciones en el mercado y que, por lo demás, se fecundan de manera recíproca es curiosamente un hecho para todo el mundo, salvo, claro está, para aquellos con un apego muy especial por uno de esos medios. Sólo así puede explicarse que, por un lado, se vaticine la desaparición de la cultura escrita a causa de Internet, mientras que, por el otro lado, se clame, con un mal digerido Marshall McLuhan en el estómago, por la llegada del final definitivo de las letras impresas sobre papel, como si las tropas coloniales de Internet tuvieran que cantarle las cuarenta a Johannes Gutenberg.
Algo así sólo puede explicarse cuando se trata de temas existenciales, de los fundamentos de la vida, es decir, de dinero. Quien todavía percibe sus ingresos en la llamada galaxia Gutenberg puede irse preparando para el reproche de anacronismo, al igual que aquellos que pretenden ver asegurados sus derechos de autor también en la red. A la violación de esos derechos, a la copia pirata, le gusta adoptar en la red la pose de sublevación revolucionaria contra pretensiones de propiedad en sí, así que no es más que la idea romántica del comunismo online. Esto, naturalmente, no sólo es cuestionable en relación con los turbios fundamentos económicos, sino sobre todo en relación con el propio Google: esa actitud trabaja en favor, precisamente, de uno de los monopolios capitalistas de nuestra época más parecidos a un pulpo.
En lo que atañe al derecho de autor, que ya cuenta con doscientos años, hay que pensar lo siguiente: la mayoría de los escritores profesionales no se ganan el sustento real con los derechos de autor, sino, en realidad, con los premios y las becas, con donaciones aportadas por mecenas; es decir, como en el feudalismo. Y tal vez la Internet no sea un medio demasiado negativo cuando se trata de producir libros clásicos, divulgarlos y conseguirlos.
Porque el paraíso, volviendo otra vez a Borges y ya para acabar, hay que imaginárselo como una biblioteca. Y el Infierno, podríamos añadir nosotros, habría que imaginarlo como un foro de discusión de aquellos que disputan en favor o en contra de Internet. 
Peter Richter

Versión abreviada de un artículo publicado en el Frankfurter Allgemeine Sonntagszeitung del 27 de abril de 2009
FUENTE: Humboldt No. 153 (2010) 

jueves, 9 de septiembre de 2010

Biblioteca Digital Mundial

Reúne mapas, textos, fotos, grabaciones y películas de todos los tiempos y explica en siete idiomas las joyas y reliquias culturales de todas las bibliotecas del planeta. 
La Biblioteca Digital Mundial no ofrecerá documentos corrientes, sino con valor de patrimonio, que permitirán apreciar y conocer mejor las culturas del mundo en idiomas diferentes.
La biblioteca comienza con unos 1.200 documentos, pero ha sido pensada  para recibir un número ilimitado de textos, grabados, mapas, fotografías e ilustraciones. 
El acceso es gratuito y los usuarios pueen ingresar directamente por la Web, sin necesidad de registrarse. Cuando uno hace clic sobre la dirección www.wdl.org , tiene la  sensación de tocar con las manos la historia universal del conocimiento... 
La Biblioteca Digital Mundial fue desarrollada por un equipo de la Biblioteca del Congreso de los EE.UU., con colaboraciones de instituciones asociadas de muchos países; el apoyo de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, las Ciencias y la Cultura (UNESCO); y el apoyo financiero de varias empresas y fundaciones privadas.